Desde hace días tenía una idea tipo reto para la IA generativa
Los invito a que la repliquen.
Pasos:
1. Tomé realmente al azar 9 libros de uno de mis libreros (no conté los libros)
2. A cada libro le tomé foto de portada y de una hoja al azar y en algunos casos foto de contraportada
3. las fotos quedaron en mi celular
4. Posteriormente abrí -en mi caso- Perplexity AI y luego cargué todas las fotos en el recuadro para escribir el prompt en un hilo nuevo
5. abajo les compartir mi prompt
Este fue mi prompt ustedes pueden inventar el suyo:
Prompt:
En las imágenes anexas están diversas portadas y en algunos casos contra portadas de libros y una página al azar de cada libro
En estos temas deliberadamente inconexos pueden emerger conexiones sistémicas sutiles
Identifica 7 de estas posibles conexiones o hilos conductores y al final elabora un ensayo de 1000 palabras que transmita un mensaje -de cualquier índole- para las universidades mexicanas ahora que están inundadas de IA genera
En lo personal, no solo me sorprendió la respuesta sino que me hizo sentido lo que detectó.
Tanto en la 7 conexiones sistémicas como en el ensayo las aportaciones fueron ¡geniales!
Esto fue una extraña forma de darle vida a mis vetustos libros
¡Háganlo!, equivale a poner a dialogar a autores -algunos de ellos ya fallecidos- que muy probablemente nunca se conocieron
Respuesta de Preplexity AI:
Nota: Sin editar.
Nueve libros, un mensaje: la universidad mexicana ante la IA generativa
Los libros identificados
- Eric Mensforth — Family Engineers. Memorias de un ingeniero británico que construyó barcos, camiones, turbinas y helicópteros a lo largo de tres generaciones familiares.
- Pfeiffer Career Series — Career Survival: Strategic Job and Role Planning. Manual para mapear la propia red de rol y los stakeholders que sostienen (o hunden) una carrera.
- Erich Fromm — Sobre la desobediencia y otros ensayos. Ensayos sobre el socialismo humanístico, la productividad humana y la desobediencia como acto de conciencia.
- David Bohm — Wholeness and the Implicate Order. Física cuántica y filosofía: la realidad como orden implicado, indiviso, del que emergen los fenómenos explícitos.
- George Danner — Profit from Science. Aplicación del método científico —hipótesis, datos, modelos— a la resolución de problemas de negocio en entornos complejos.
- Robert Pino — Aikido empresarial. Estrategia corporativa inspirada en el arte marcial japonés: percibir, evaluar, reaccionar; neutralizar en lugar de embestir.
- Paul Colinvaux — The Fates of Nations: A Biological Theory of History. Ecología de nichos aplicada a la historia; por qué los fusileros ganaron Saratoga y por qué las naciones caben o no caben en su ambiente.
- Dennis Meadows — Los límites del crecimiento. El informe del Club de Roma: modelar la interacción entre población, industria, recursos y contaminación con horizonte de un siglo.
- Enrique Canales — La esencia del cultivo de la fregonería. Hacer algo «notablemente mejor que lo muy bien hecho», cultivando tecnología propia, patentes y una lógica ventajosa frente al competidor.
Siete hilos conductores
1. La totalidad precede a la parte
Bohm dice que el universo es un orden implicado del que las partículas son sólo despliegues locales. Colinvaux dice que un fusilero en Saratoga sólo se entiende dentro del bosque y del ecosistema militar donde opera. Meadows dice que la población, el capital, la comida y la contaminación son un sistema, no cinco variables. Los tres coinciden: entender exige ver la trama antes que el nudo. Es la refutación de la mirada disciplinaria que la universidad todavía practica.
2. La productividad no es la producción
Fromm distingue productividad económica de productividad humana: la primera acumula bienes, la segunda desarrolla capacidades. Canales lo llama «fregonería»: no producir más, sino saber hacer algo notablemente mejor. Mensforth relata cómo su padre dirigía plantas donde el orgullo del oficio pesaba tanto como el balance. La productividad que estos libros defienden no se mide en unidades por hora, se mide en densidad de sentido por unidad de esfuerzo.
3. El método antes que la herramienta
Danner exige hipótesis y datos antes que tecnología («technology is a tricky challenge—we do not know with any prestaging confidence which tools might apply»). Pino describe el aikido empresarial como percepción → evaluación → reacción, no como catálogo de golpes. Bohm insiste en que la revolución en física fue percibir un nuevo orden, no adquirir un nuevo instrumento. La herramienta sin método es ruido; el método sin herramienta sigue siendo conocimiento.
4. Los límites son informativos, no punitivos
Meadows argumenta que los límites del planeta no son un castigo sino un dato. Colinvaux muestra que cada especie —y cada nación— prospera al reconocer su nicho. El aikido de Pino usa la fuerza del oponente porque acepta la geometría del ataque. Bohm afirma que las restricciones cuánticas revelan la estructura profunda, no la limitan. Reconocer límites es la forma más avanzada de inteligencia estratégica.
5. La red de rol como unidad de análisis
La Pfeiffer Career Series pide dibujar la red de stakeholders alrededor de uno mismo: jefes, pares, familia, reguladores, comunidad. Mensforth cuenta su vida como una sucesión de redes —familia, iglesia, industria, guerra— superpuestas. Colinvaux dice que las naciones son redes tróficas. Bohm dice que las partículas son nodos de un campo. El individuo aislado no existe: existen posiciones dentro de tramas. Cualquier estrategia que ignore la red se rompe en la primera turbulencia.
6. La desobediencia como función de sistema
Fromm sostiene que la historia empieza con un acto de desobediencia (Prometeo, Adán) y que sin ella la humanidad se pudre. Danner elogia al que «bends their will in your direction» contra el consenso del experto. Los fusileros de Colinvaux ganan porque desobedecen la doctrina de la línea de batalla. Canales define la fregonería como el gesto de hacer las cosas contra la costumbre. La innovación es desobediencia informada; la obediencia es la primera forma de obsolescencia.
7. El tiempo largo educa mejor que el tiempo urgente
Mensforth abarca tres generaciones. Meadows modela un siglo. Colinvaux, milenios de historia biológica. Bohm, el tiempo cósmico del orden implicado. Fromm apela a la memoria moral de la humanidad. Ninguno de estos libros se resolvería en un ciclo trimestral, en un KPI anual o en una tarea de fin de semana. El pensamiento profundo requiere un horizonte que la urgencia contemporánea sistemáticamente niega.
Ensayo
La universidad mexicana no necesita menos IA: necesita más tiempo largo
Los nueve libros de esta pila no se hablan entre sí. Un ingeniero británico de posguerra, un físico cuántico, un psicoanalista humanista, un modelador de negocios, un estratega inspirado en aikido, un ecólogo evolutivo, un club de Roma alarmado, un manual de carrera corporativa y un ensayista mexicano de la fregonería. Ninguno menciona la inteligencia artificial generativa —el más reciente es anterior al momento ChatGPT—. Y sin embargo, leídos juntos, forman un diagnóstico sorprendentemente preciso de lo que le está pasando a la universidad mexicana ahora que la IA generativa entró por las ventanas antes de que los rectores abrieran las puertas.
El diagnóstico tiene tres partes.
Primero: la IA generativa expone que la universidad ya había renunciado al método. Danner escribió que la tecnología es una tentación tramposa: siempre queremos usarla antes de saber para qué. La reacción típica de nuestras universidades ante ChatGPT ha sido comprar licencias, prohibir su uso o «integrarla al aula» sin haber respondido primero la pregunta de Bohm: ¿qué orden nuevo permite percibir esta herramienta? ¿Y la de Pino: qué requiere percibir, evaluar y reaccionar de manera calmada, precisa y holística, antes de moverse? Cuando el método es débil, cualquier herramienta poderosa se convierte en un acelerador de mediocridad. Un estudiante que no sabía formular una hipótesis ahora la formula más rápido, y peor. Un docente que evaluaba ensayos por longitud ahora los evalúa más rápido, y peor. La IA no rompió el sistema: reveló que el sistema ya estaba roto en un lugar donde nadie miraba.
Segundo: la universidad confundió producción con productividad, y ahora la IA le está devolviendo el espejo. Fromm advirtió que un sistema que persigue la máxima productividad económica sin la máxima productividad humana termina produciendo objetos sin sentido y sujetos sin vocación. Nuestras universidades acumulan indicadores —titulados, publicaciones, matrícula, acreditaciones— del mismo modo en que Meadows describía la acumulación exponencial de capital: sin preguntar si el crecimiento cabe en el nicho. La IA generativa puede producir tesis, ensayos, presentaciones, códigos y planes de clase en volúmenes que superan cualquier capacidad de lectura. Si la universidad sigue midiéndose por producción, la IA ganará la carrera en una tarde. Si se mide, en cambio, por la fregonería de Canales —hacer algo notablemente mejor que lo muy bien hecho, en la frontera del conocimiento, con lógica propia—, entonces la IA se convierte en aliada y no en amenaza, porque la fregonería es exactamente lo que los modelos generativos no pueden hacer solos.
Tercero: la universidad mexicana está pensando en trimestres cuando debería pensar en generaciones. Mensforth relata una vida de ingeniero como una cadena de decisiones que fructificaron décadas después. Meadows modeló hasta 2100. Colinvaux explicó Saratoga con biología del Pleistoceno. La IA generativa es, entre otras cosas, un dispositivo de compresión temporal: ofrece resultados inmediatos a preguntas que exigirían años de estudio. Es un tentador atajo. Pero como enseñan estos libros, los sistemas complejos no se resuelven por atajos: se resuelven reconociendo límites, cartografiando redes, esperando el momento oportuno. Si la universidad usa la IA para acelerar lo que ya hace mal, obtendrá el peor futuro posible en menos tiempo. Si la usa para prolongar el tiempo del pensamiento —para leer más lento, comparar más fuentes, dudar mejor, construir modelos que abarquen décadas— entonces la IA se vuelve un instrumento de tiempo largo, no de urgencia.
De aquí sale el mensaje: la universidad mexicana no está en riesgo por exceso de IA, sino por déficit de método, de sentido y de horizonte. La solución no es prohibir, ni normar, ni «integrar» con protocolos apurados. La solución es más difícil y más antigua. Es lo que Fromm llamó desobediencia informada: negarse a adoptar la herramienta como fin, y usarla sólo cuando el propósito humano está claro. Es lo que Pino llamó aikido: dejar que la fuerza del oponente —la propia velocidad de la IA— revele el eje sobre el que uno debe girar. Es lo que la Pfeiffer Career Series llamó red de rol: recordar que ningún egresado se sostiene solo, que la universidad forma personas dentro de tramas de familia, empleo, comunidad y regulación. Es lo que Colinvaux llamó nicho: aceptar que la universidad mexicana no es Stanford ni Tsinghua, y que su fuerza está en resolver problemas que sólo desde México se ven. Y es lo que Canales llamó cultivar la fregonería: apostar por hacer una cosa —una carrera, un laboratorio, un programa— notablemente mejor que como se hace en cualquier otra parte, aunque tome veinte años.
Hay una imagen final. Bohm decía que el orden implicado subyace a todos los fenómenos explícitos, y que los grandes cambios en física llegaron cuando alguien percibió un orden distinto. La IA generativa es, para las universidades, la punta visible de un orden implicado más profundo: la sospecha de que el conocimiento ya no se produce solamente en el aula, que la autoridad epistémica se descentralizó, que el trabajo intelectual dejó de ser escaso. Las universidades que reaccionen contra ese orden se volverán irrelevantes. Las que lo perciban, evalúen y respondan —con método, con productividad humana, con horizonte largo, con desobediencia y con fregonería— serán, dentro de una generación, las únicas que valga la pena defender.
Nueve libros inconexos, escritos en distintas décadas y continentes, terminan diciendo lo mismo a nuestras universidades: no compitan con la máquina; cultiven aquello que sólo un humano, situado en una red, con tiempo y con método, puede hacer notablemente bien. Esa es, hoy, la única defensa razonable del oficio universitario.








